Aún recuerdo el día que los conocí, a ti y a Joaquín, vaya par de hermanos desastrosos y reventados.
Siempre en el desmadre, siempre sonrientes y divertidos, rodeados de amigos y chicas que más que amigas parecían groupies locas por ustedes y la más afortunada… yo.
Fui tu cuñada al tener esta relación rara con Joaquín, pero lo más importante: fui tu mejor amiga.
Nunca olvidaré los viernes cuando venía de trabajar cansada y nos encontrábamos en el transporte, por casualidad o destino, siempre en la entrada a Santa Anita.
Vienen a mi mente incontables fiestas y conversaciones, eres el chico con el que más he reído en mi vida.
En algún momento pensé que serías el hombre perfecto para mí.
¿Recuerdas aquella vez cuando andabas quedando bien con la babosa esa en la disco?
Qué tipa tan antipática, crucé apenas unas palabras con ella y ya pensaba en lo tonta que era.
No podía ocultar que me moría de celos al verte tan entusiasmado, así que decidí irme.
Desde lejos y agitando la mano te dije adiós, me di media vuelta para dirigirme a la salida.
Estando parada en la entrada del lugar recordé que no tenía cómo irme a mi casa.
¡Madres! ¿Y ahora qué? Prendí un cigarro…
Me pregunté: ¿por qué estaba sintiendo celos? Solo eras mi amigo.
Un dedo tocó mi hombro, al voltear… eras tú.
Me tomaste de la mano y me llevaste a una banca de la plaza.
Estaba frío afuera, no podía evitar tiritar mientras el vaho escapaba de mi boca.
Tú, amablemente, me ofreciste la chamarra que cargabas a todos lados.
Siempre fuiste bastante precavido, decías que la llevabas “por si las dudas”.
Preguntaste:
—¿Qué te pasa?
—¡Nada, Luis! —contesté en tono cortante y agresivo.
—Wey, no me digas que estás celosa, porque eso parece.
—Jajaja, ¿celosa de ti? ¡Qué babosada!
—Entonces dime por qué te portas así conmigo.
—¡Es solo que tú me invitaste y no me parece que me dejes sola por andar con esa tipita estúpida!
—¿Y cuando tú estás con Joaquín? Yo no te la hago de pedo.
—Ahora el que parece celoso eres tú.
—¿Y si así fuera, qué?
—No friegues, soy el free de tu hermano.
—Exacto, su free. Él jamás te va a tomar en serio y tú lo sabes, quiérete poquito, Vale.
—¿Y tú sí me tomarías en serio?
—Sí lo haría.
—Entonces… ¡es verdad, estoy celosa, no soporto verte con alguien más!
—¿Y qué propones, Vale?
—Que lo intentemos, Luis, total… ¿qué de malo podría pasar?
Asentaste con la cabeza y te acercaste para darme un beso,
mientras en la disco, a lo lejos, sonaba una canción de fey
No duró ni diez segundos el beso, nos miramos a los ojos con gesto de desilusión.
Dijiste: “A ver, intentemos otra vez con más enjundia”.
Pero algo no terminaba de cuajar, nos separamos un poco y al unísono soltamos un:
—Nah, ¡esto es mala idea!
“Aquí murió nuestro amor”, dije con voz burlona y reímos hasta que nos dolió la barriga.
Regresamos a la disco con el grupo de amigos a seguir bailando como si nada hubiera pasado.
Nunca hablamos del tema.
¡Hoy te digo que ese beso fue horrible! Nada de química, pero reafirmó nuestra amistad.
Un año después te fuiste a Estados Unidos y no supe más de ti.
Ahora sé que vives en San Sebastián, yo me casé, me divorcié y no me gusta ir para allá, aun así…
¡te recuerdo con cariño!




